Hundidos y a la deriva
04 de noviembre de 2018
Otro partido, otra derrota. Ya es una costumbre para Argentinos. Esta vez cayó 2-0 ante un Independiente que lo tomó como una práctica de domingo por la mañana. Emanuel Gigliotti fue quien marcó los dos tantos para el conjunto de Ariel Holan. El panorama para el "Bicho" es oscuro. Los jugadores, dolidos, no logran parecer un equipo de Primera. ¿Está el vestuario roto? El entrenador, que no gana un partido desde marzo, por ahora sigue. ¿Se subestima la situación como en 2016? Mientras nos hacemos mil preguntas que no tienen respuesta, nuestro cuadro se va a la B. Háganse cargo quien deba hacerlo.

¿Qué te están haciendo, Bicho? ¿Por qué? ¿Cuál es la razón? ¿Realmente la culpa de todo la tiene el entrenador? ¿Los jugadores están a la altura? ¿La dirigencia tiene idea de fútbol profesional? ¿Será del hincha la culpa? ¿De los periodistas? ¿Quién es el preparador físico de Argentinos? ¿Y el médico? ¿Dónde está Berti? ¿Qué pasó en el vestuario después de perder con Boca?
Si alguien pudiera contestar todas esas preguntas, tal vez hoy me sentiría mejor. Es increíble como pasamos de proyectar grandes cosas a volver al mismo infierno de todos los años. Me pregunto cuándo fue el momento en que todo se fue quebrando. Y por qué tiene que ser así. Tan abruptamente.
La pretemporada del equipo fue un fracaso rotundo. Responsabilidad absoluta de Alfredo Berti. Más allá de que los jugadores en notas con nosotros presumian una gran expectativa desde lo físico y lo futbolístico, la realidad de hoy es que algunos juegan 20 minutos y ya necesitan salir. Al comienzo del semestre, se pasó de ronda en Copa Argentina por penales, caíste con Gimnasia y con Godoy Cruz de local. Sacaste un punto en El Monumental y le ganaste a Lanús que venía de echar a Carboni. Es cierto que se percibía que al equipo le faltaba gol, pero por lo menos tenías un orden y un equipo serio a la medida de Berti. Con Temperley caíste elimnado vergonzozamente en lo que era el gran objetivo, y ahí, el vestuario se rompió. Con Boca, partido perdible históricamente para cualquier equipo con pocos recursos, comenzó la crisis que hasta hoy no podemos resolver.
El lamentable episodio en el vestuario nos salió muy caro. Un directivo importante, que no supo controlar sus impulsos de hincha, hizo que Alfredo diera un paso al costado. Para algunos, en aquel momento, la partida de Berti no era el fin del mundo. El equipo, tal vez, necesitaba un cambio de aire. Con MUCHÍSIMO márgen para resolverlo, la CD resolvió que Carboni, sí, el mismo Carboni que Lanús echó por incompetente, agarró al "Bicho". Entrenó dos días y viajó a Tucumán a ver qué pasaba. A partir de ahí, la historia es sabida. Un punto sobre quince. Cero goles. Sin actitud. Pobres en defensa. Pibes quemados. La gente que no se indentifica. Últimos en la tabla. El promedio que acecha. Rumores de problemas con Junior Benítez por sus hábitos fuera del vestuario. Referentes como Machín y Pisculichi cuestionados por su nivel y por un presunto conflicto de capitanes con Torrén. ¿Qué está pasando, muchachos?.
Del partido de hoy, poco para hablar. Independiente hizo lo que quiso desde que empezó hasta que terminó. No tuvo la necesidad de correr más de lo que pedía el juego. Solo se limitó a circular el balón y a que los minutos pasen. El primer gol, insólitamente, la defensa de Argentinos retrocedía para atrás dejándole el arco libre y desprotegido. En el segundo, de contra, ya partidos en la mitad de la cancha, Braian Romero desbordó, mandó el centro, y el "Puma" liquidó. Antes de eso, Gastón Verón se perdió dos goles increíblemente hechos. El chaqueño de 17 años, que en realidad debería estar todavía fogueandose con Sanzotti, no está a la altura de lo que se está jugando Argentinos. Ni él, ni Méndez, ni Francis, ni Romero. No pretendero agarrarmela con los pibes del club, que por siempre tendrán crédito. La culpa de esto es de los dirigentes por no haber traído jugadores medianamente importantes, y claro, de Carboni, por seguir incendiando pibes que tienen mucho potencial.
El equipo se retiró con la cabeza gacha, hubo insultos y muchas caras de tristeza e incertidumbre. Rayito de esperanza con la vuelta de Batallini, el esfuerzo de Kevin e Ilarregui y la seguridad de Cháves. El resto, en deuda total.
Da la sensación de que no le vamos a ganar a nadie. Porque por ejemplo, el sábado visitamos Victoria. ¿Tigre es más que nosotros? Hoy quizá sí, ¿pero es imbatible?. Por más que la quieras dibujar, Argentinos es el PEOR equipo. Por lejos. Y hoy tiene las de perder con todos.
Lamentablemente ya no puedo confiar en quiénes nos defienden en la cancha. No puedo confiar en el entrenador y sus ayudantes. No puedo confiar en los médicos del club. Tampoco puedo confiar en los dirigentes. La gente cada vez va menos a la cancha, canta poco, se enoja menos. Lo que hay es resignación.
Pero nos queda un arma: la historia. Nuestra historia es lo único que nos puede sacar adelante. Hoy vemos todo negativo, pero nuestros colores no van flamear la bandera blanca, por más que los propios protagonistas lo hagan. Somos Argentinos Juniors y mientras más muertos nos den, más chances de resurgir tenemos. ¿Podremos hacerlo? Ojalá que Dios nos vuelva a dar un guiño y que para el año que viene no erremos más. Porque estoy seguro de que si esta vez bajamos, no la tendremos tan fácil como siempre. A despertarse. YA.